11.7.09

Por no Reventarme los Dedos

Yo no sé que pensar, no sé que sentir (como si pudiera controlarlo mucho), nosé que interpretar, no sé hacia donde ir. Me gustaría, realmente me gustaría… no tener otro destino que tus brazos, dormirme ahí toda la noche, acurrucarme y dormiiir, como si estuviera en casa.

Como si estuviera en casa… ya ya ya, en este momento, no me siento en casa… mi casa es una gran habitación sin gente caminando, ni compartiendo un almuerzo, ni hablando fuerte, ni corriendo, ni saltando la cuerda en la sala. Mi casa, acostumbrada a albergar a 10 personas a la vez como mínimo, está vacía, perdió su ruido, perdió el color. Es decir, me corrijo, ésta: “así”, no es mi casa.

Y no sé que pensar (esa pregunta se repite incontables veces), no sé que más decir, creo que ya lo dije todo, creo que seguir hablando sería una falta de respeto a mis palabras, una subestimación de tu capacidad de entenderme, y sé (si sabré) que tenes la capacidad de entendérmelo todo, absolutamente todo lo que salga de este frágil ser, que tan lindo dijiste que era. Y así estoy, entonces estoy, transfiriendo la energía de mis voces a este papel imaginario, este cajón de energías sublimadas en algo más “aceptable” que repetir en mi cabeza 100 veces más lo mismo. [Al fin y al cabo voy a seguir repitiéndolas, esto de sublimar la energía en arte no sé que tan efectivo será, por lo menos lo convierto en algo un poquito más lindo].

Hasta el momento, no le encuentro la razón, escribir por escribir, escribir por teclear, escribir por golpear las teclas en lugar de reventarme los dedos (que feo reventarse los dedos, la profesora de piano no me lo perdonaría), escribir porque no tengo adonde ir, ni razones para seguir hablándome de lo mismo… escribir porque esta noche, como todas, no tengo la posibilidad de dormirme en tus brazos.

1 comentario:

luciérnaga dijo...

desde acá luciérnaga se despide, espero aparecer pronto. gonna miss los masajes. te qiero. adiós. =)