23.4.12

Muerete Letra

Me refugio en las letras muertas que fallecen en el momento que las arrojo en lo que, quisiera, fuera un papel. Papel y tinta. Lo disfrutaría más, la tinta en mis manos, en mis mangas, pero no podrían ir a la par de mis pensamientos y entonces yo no podría matar aquello tanto que me asesina a mí.

 Me refugio en lo que alguna vez fueron mis letras, quizá, si es que lo fueron. Lo seguro es que ya no lo son, una vez que las escribo no lo son más.

Me refugio en las letras ajenas que no son de nadie, que esas si son más viejas, del siglo pasado, del 1915, del 1943, esas letras que ya versaron sobre todos los misterios del mundo que se guardan y se presentan en mi mente. Yo lo pienso y se me ocurre que quizá lo que pienso ya esté escrito en otra parte, solo que yo aún no lo encuentro (siempre aún). Pero voy a encontrarlo, quizá lo encuentre, porque nunca voy a dejar de leer. Porque al leer me resguardo de la locura, aquella a la que recientemente empece a temer y a respetar fuertemente.

Yo voy a salvarme, no voy a morir en esta, mi corazón ya soporto estos males, no será la primera, ojala fuera la última vez. No lo será tampoco, pero si lo será en muchísimo tiempo.
Costara distancia, que yo pueda volver a confiarle a alguien mi corazón. Costará primero que lo recupere en mis manos, que lo rearme ya no como estaba antes, si no distinto. Al romperse, no ayer, hace tanto ya, también rompió la A que guardaba, la a que no soporto verla escrita en todas partes, en los aviones y los cuadros y los libros y mi cuerpo, mucho menos en mayúscula. No pretendo soportarla más, la mato.

 Yo no fui allí con ganas de lamerle el orto a nadie, yo fui siguiendo mi deseo de que mi amor renovado tuviera cobijo. Ahora, con a que odio, entiendo que fue desear bastante, pero no importa ya, porque tan solo logrará que se abran mil docientos caminos más. LEJOS, bien lejos de entonces. Pasado.

 No me da miedo enfrentarme a lo que quiero. Aunque se mal interpretara, lo que yo nunca quise fue volver a un lugar que se fue hace tantísimo tiempo, no quise besar zapatos ni rogar por un sitio del que perdí la fé, y sé que así se escuchó y lo lamento por eso pero ya no es mi problema. Yo quise explicar que estoy aprendiendo a amar en el dejar de amar. Dejar de amar para poder amar. Quería compartirlo y así aprender, aprender quizá a querer algún día desde la amistad, por insoportable que me sonará.

Algún día que no era ahora pero que ahora ya jamás vendrá, de eso no me cabe duda.


 Quien sabe. Yo no sé nada.

1 comentario:

La chica de los confites dijo...

No dejes jamás que mueran las letras, ni que callen tus labios, ni que cese tu corazón.
No permitas que nada ni nadie te quite la única certeza existente, vos. Vos individuo. Vos ser. Vos estar.
Somos sólo nosotros, basta de mentirnos, ya no creemos en nadie. Pero por qué no creer en nosotros? Por qué no, por un segundo, creer en nosotros?
Amarnos para amar para dejar de amar para amar una vez más.
Y si hay que morir en ese amor, pues digna sea la muerte, centellante, divina, llena de goce, de entrega. Llena de alguien que te ve como sos. Y por qué no ser simplemente nosotros quiénes nos amemos a nosotros mismos? Estúpidos amantes de calesitas cerebrales, pero que al fin y al cabo, y maldigo y me excuso por este momentáneo optimismo mio, calesitamos solo para dar un paso firme en la seguridad de saber que somos, de que existimos, y de que no solo podemos tener una vida que pasea, sino que ama, y que fluye, y que no solo somos cuerpo, sino sangre, y vida.